Dalcastagne, Regina. Representación y resistencia en la literatura brasileña contemporánea.Buenos Aires: Biblos, 2015. 211 pp. Federico Urtubey

http://dx.doi.org/10.25025/perifrasis20189.17.09

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Representación y resistencia en la literatura brasileña contemporáneaes un libro que, a lo largo de su introducción, siete capítulos y conclusión, intenta movilizar los estudios literarios hacia el campo de problemáticas y asimetrías sociales que entretejen la densa realidad brasileña. La trayectoria académica de su autora, Regina Dalcastagne, explica su interés foucaultiano en interpretar el texto literario como un artefacto implicado en prácticas y discursos heterogéneos. Graduada en periodismo por la Universidad de Brasilia y Doctora en Letras por la misma institución, la autora condensa en los textos de este volumen la aplicación de los conceptos tradicionales de la constelación bourdiana y los ejes centrales de los estudios culturales.

          En el primer capítulo, llamado “Del exotismo a la autorrepresentación”, la autora aborda la aparición de lo subalterno en la literatura brasileña del siglo xx. Para ello distingue las categorías de “lo exótico”, “lo crítico” y “desde dentro” diferenciando tres registros que demarcan formas de aparición de sujetos marginales en la literatura. Esta pugna entre la aparición del subalterno y el hecho de ser hablado por una voz ajena, importa para la autora el nudo gordiano en el cual la literatura formula un cruce directo con la política y la cuestión de la representación.

          En el siguiente capítulo, “Las narrativas del racismo”, el enfoque de Dalcastagne provee una propia y minuciosa estadística que echa luz sobre la cantidad de personajes blancos, negros, indígenas, mestizos y orientales en distintos períodos de la novela del siglo xx. Los datos, en este punto, fracturan cualquier ilusión de representatividad del proyecto literario brasileño. El análisis de ciento treinta novelas de autores brasileños editadas entre 1965 y 1979 y publicadas por Civilizacao Brasileira y Jose Olympio, así como las 258 novelas publicadas entre 1990 y 2004 por las tres editoriales más prestigiosas —Companhia das Letras, Record y Rocco— le permiten a Dalcastagne señalar, más allá de la tradicional desconfianza de los estudios culturales a los métodos cuantitativos, la sistemática exclusión de grupos sociales determinados. Los resultados arrojan un número superlativo de autores y personajes blancos. La “presencia negra” se vuelve más problemática si se toma en cuenta que el cruce de las variables color, franja etaria y sexo arroja un predominio de la representación de hombres negros, jóvenes y bandidos. La mujer negra, interesante decirlo, casi no aparece.

          El capítulo tres, denominado “Autoría y resistencia”, examina de modo más particular a quienes son las voces autorales en la narrativa brasileña y sobre qué hablan. Este capítulo aborda algunas obras de Clarice Lispector, Osman Lins y Sérgio Sant’Anna. Los párrafos dedicados a “La hora de la estrella” de Lispector y a la construcción de la figura de la nordestina Macabéa, reponen las contradicciones de la intelectualidad paulista, perpleja ante esa masa amorfa, heterogénea, que despierta tanta incertidumbre como desprecio. Menos conocidas, las novelas “Avalovara” (1973) de Osman Lins y “Una novela de generación” (1980) de Sérgio Sant’Anna exponen debates de esta índole con el pesado telón de fondo de la dictadura militar. En ellas, Dalcastagne identifica de qué manera los interrogantes que formulan sus personajes son una excusa para cuestionar el quehacer literario y su autonomía en el contexto de los años del plomo (1964-1985).

          A continuación, en “Una estética de la incomodidad”, la autora pretende abrir un cauce en el cruce entre literatura y estética, para indagar cómo dos formas expresivas diferentes elaboran problemáticas comunes. En esa dirección, selecciona tres escritores y tres artistas, y enfoca el trabajo por pares. El interés de Dalcastagne es mostrar la subjetividad de los sujetos implicados en relatos y pinturas, ya que una tendencia en la literatura brasileña contemporánea tiende a “abordar a los pobres … por lo menos de manera distante … recorriendo muchas veces a una ‘objetividad periodística’ que nos ubica delante de gestos y acción, pero no de pensamientos y reflexión” (99). Sin embargo, es válido decir que en el caso de los artistas plásticos que invoca Regina Dalcasgne, no son las obras las que se constituyen como objeto de indagación, como sí las reflexiones de los mismos artistas sobre las mismas. De tal modo, el entrecruzamiento disciplinar que la autora pretende realizar no logra superar la textualidad del discurso escrito y hablado, y por tanto la especificidad del lenguaje de las artes plásticas no encuentra un enfoque distintivo.

En el capítulo cinco, “El narrador y sus circunstancias”, la autora brasileña analiza el lugar del narrador en la novela actual. La desconfianza por el “yo” detrás de los proyectos narrativos impone una distancia entre la voz que relata y los sujetos que son hablados. De allí, Dalcastagne hace un profuso análisis de obras de Raduan Nassar, Osman Lins y otros, buscando cómo las marañas de discursos, las apelaciones a personajes históricos y las reflexiones sobre el tiempo se instruyen como la caja de herramientas disponible para crear el barthesiano efecto de realidad.

          “Cartografías posibles”, capítulo sexto de este libro, trae a colación la temática del espacio. Cabe decir que desde el spatial turn de los ochenta, las conceptualizaciones en torno al espacio han adquirido cada vez mayor relevancia en las ciencias sociales y humanas. De tal modo, la autora subraya el predominio de la ciudad como ámbito de circulación y también de demarcación de trayectorias humanas. Las múltiples dimensiones de lo social se visualizan tanto en los recorridos como en las representaciones de los personajes, las cuales muestran contrastes interesantes.

           El último capítulo de este libro, “Un mapa de desplazamientos”, se mete de lleno con los territorios urbanos por los que los personajes de autores como Marcus Vinicus Faustini o Rubens Figuereido se deslizan. El funk, la música evangélica, las calles que se derriten bajo el sol y los personajes que comen platos de feijao en locales de barrio, tienen tanto lugar, indica Dalcastagne, como el avance de la aldea global vertebrada entre electrodomésticos importados y las luminarias propagandísticas, los que transforman sensiblemente el paisaje (el urbano, y el literario).

          En suma, el libro de Regina Dalcastagne propone una mirada abarcativa y multidisciplinar, que además provee un inusitado trabajo estadístico que no suele encontrarse en este tipo de trabajos. Así, el análisis literario anexa las problemáticas de la desigualdad, el consumo, la clase y el racismo, clivajes insoslayables de la realidad brasileña. Debe resaltarse la continua mirada de género que recorre todos los capítulos, la cual detecta el solapamiento de violencias cotidianas, como cuando refiere a los textos en los cuales los personajes deambulan por la nocturna y vacía Copacabana en la madrugada, “lo que sería imposible para una muchacha en las mismas circunstancias” (178). Esta perspectiva de la autora no solo redunda en un abordaje más interesante y atento a la complejidad del objeto al que se aproxima, sino además en reponer el fundamento de una vinculación ética con el mundo algo común tanto al narrador como al crítico.

 

 

María Mercedes Andrade
Editora

Margarita Pérez
Asistente editorial

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