Serrano Ruiz-Calderón, José Miguel. Democracia y nihilismo. Vida y obra de Nicolás Gómez Dávila. Pamplona: Eúnsa, 2015, 287 pp. Francia Elena Goenaga O. Universidad de los Andes, Colom

http://dx.doi.org/10.25025/perifrasis20178.16.11

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José Miguel Serrano Ruiz-Calderón (Sevilla, 1960) es profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Complutense de Madrid. Como filósofo y lector se ha interesado ampliamente en la obra del escoliasta colombiano Nicolás Gómez Dávila (Bogotá, para algunos; Cajicá, para otros 1913-1994) por las razones que él mismo nos da: “El maestro es responsable de la pluralidad de afectos de quienes le seguimos. Desde aquellos que son entusiastas por su forma literaria a algunos, como yo, redimidos por medio de su ironía de la depresión ante la contemplación del mundo verdadero” (Serrano 247). El autor, también ha escrito varios artículos sobre la obra del escoliasta, preocupado por temas como el de la Democracia, el texto implícito, el pensamiento reaccionario, el nihilismo, etc.

            El profesor Serrano reúne en los seis apartados del libro Democracia y nihilismo. Vida y obra de Nicolás Gómez Dávila un compendio de la ya extensa bibliografía gomezdaviliana, en donde no solo reseña los trabajos más representativos del filósofo, sino que además y como buen crítico clasifica y ordena diversas intervenciones que se han hecho sobre la obra del pensador bogotano.

            Es importante señalar en este punto que hay dos épocas claramente diferenciadas de la crítica y dos continentes de tenaces lectores de su obra. La primera instancia analítica del trabajo de Gómez Dávila corresponde a la realizada por sus contemporáneos, por sus amigos y, en el continente europeo, por los interesados en su pensamiento, es decir: Hernando Téllez, Pizano de Brigard, Álvaro Mutis, Ernesto Volkening y los primeros traductores de sus textos al alemán. La segunda etapa atañe a los críticos académicos de aquí y de allende el mar: Alfredo Abad, Óscar Torres, Efrén Giraldo, Michael Rabier, Tinzell, Urbanek, Serrano, Cuena, Volpi y la escuela italiana. Los temas que tratan son amplios y variados como lo indica la cita arriba mencionada y que abarca desde la mirada esteticista de su obra hasta reflexiones políticas y teológicas de su obra.

            El primer capítulo explora aspectos biográficos del erudito colombiano, en el cual el autor no se limita a realizar una síntesis sino que ofrece una investigación exhaustiva que busca comprender su entorno con el fin de entroncarlo con valores que le eran esenciales como por ejemplo, el tema de la autenticidad. La relación vida y obra está presente en la reflexión de Serrano de comienzo a fin: “El hombre no debe su experiencia a la vida, sino a los ratos de ocio que le deja” (ctd. en  Serrano 49).

            El lector encontrará en este texto una reseña detallada de la bibliografía gomezdaviliana, actualizada y ordenada tanto de sus obras, y la génesis de las mismas, como de los trabajos académicos y las monografías dedicadas a la obra del colombiano. Pero la rica bibliografía no da cuenta solamente de las ediciones, traducciones y obligadas referencias, sino de la riqueza del pensamiento de Gómez Dávila.

            Serrano hace énfasis en el pasaje que aparece en Textos I (1959) que habla sobre la “religión democrática” el cual se enriquece con una lectura comparativa de dos ensayos publicados de manera independiente: “De Iure” y “El reaccionario auténtico”. El primero fue publicado en la Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. nro. 542. Bogotá, LXXXI, abril-junio, 1988, pp. 65-67, y el segundo lo publicó la Revista de la Universidad de Antioquia.  nro. 240. Medellín, abril-junio, 1995, pp. 16-33.

            Serrano no solo hace gala del fragmento encadenado cuando se refiere a Textos I, tal como lo asegura Efrén Giraldo, pues también las páginas de “El reaccionario auténtico” sirven como guía que aclara la dispersión de los Escolios y constituyen un providencial resumen dentro de los escritos del pensador colombiano. Como en el conjunto de sus trabajos, cada página es divisible en párrafos autosuficientes y cada uno de ellos, en “auténticos escolios” (86).

            Es curioso que Serrano se detenga en algunos autores como Cioran que no fueron significativos en la obra del bogotano. Sin embargo, no deja de ser interesante la comparación que establece, especialmente al final de libro cuando hace la distinción entre el existencialista, el pesimista y el nihilista. Entre todos ellos el nihilista se acerca más a Gómez Dávila como sombra de una sombra. En el tercer capítulo “El estilo del escoliasta” Serrano vuelve de nuevo a la actitud vital unida al estilo, a la forma elegida y caracterizada por la contradicción y la ironía y a la insistencia asistemática del escolio. Serrano nos recordará que “el estilo es no sólo una regla de escritura, sino también, y de manera muy determinante, una línea de vida” (125) y dialogará ampliamente en este apartado con Chateaubriand, Joubert y Baltasar Gracián.

            En el capítulo IV, “Rechazo de la pedagogía y de la profesionalización de la cultura”, Serrano se detiene ante una de las consecuencias más importantes de la relación actitud/estilo antes mencionada, pues la obra de un pensador que escoge el fragmento como modo de expresión es claramente antiacadémica y autodidacta. En este punto cabe aclarar la importancia que Colacho da en su obra a la reflexión hermenéutica y del mismo modo a las ciencias humanas frente a las ciencias exactas, tema que, seguramente retoma de Dilthey, quien de modo amplio está presente en su obra; baste decir que “… las ciencias humanas no se enseñan, se aprenden”. Gran parte de este capítulo está dedicado al ocio y a la importancia que tiene en lo que llamamos cultura, para ello citará especialmente a Baudelaire, y Alfredo Abad, entre los críticos académicos. El capítulo V, “Texto o textos implícitos en la obra de Nicolás Gómez Dávila” es un rico diálogo entre sus críticos, traductores, comentaristas y de los cuestionamientos que siguen vigentes: ¿es su texto implícito, el pasaje sobre la Democracia en Textos I, acaso su biblioteca?, ¿es el texto no leído por Dios?, ¿es el texto que no puede hacerse explícito por su incorrección política? Es una ausencia presente, en todo caso.

            Finalmente, a mi modo de ver el capítulo más corto y sugerente es “Dios y la nada. La superación del nihilismo”. Para Serrano, pensar a Dios como una Nada, que se diluye ella misma en su relación con el hombre, entronca a propósito con la cita del escolio que hace Volpi: “Entre el hombre y la Nada se atraviesa la sombra de Dios”, esa misma Nada descrita por Ernst Jünger como “la chispa de absoluto” (ctd. en Serrano 249), autor que también aparece en la biblioteca de Gómez Dávila y lo cita en sus escolios. La sombra de Dios, la presencia que al descubrir el hombre lo hace hombre, tal como comienza Textos I.

            Entonces, no se trata de pensar el mundo como si Dios no existiera para volver a repensarlo, sino de vivirlo imaginado por Dios como la posibilidad de su inexistencia. La sombra, la del Dios cristiano, cobijaría entonces la multiplicidad de los dioses paganos, aquellos dioses de la Antigüedad clásica que están presentes en su biblioteca: “Más que un cristiano, quizás soy un pagano que cree en Cristo” (ctd. en Serrano 254). Finaliza el libro, con un llamado a la serenidad de ánimo que preludia el apaciguamiento del apasionado escoliasta que no teme la contradicción, y para ello Serrano cita a Santa Teresa: 

            Nada te turbe, / nada te espante,

            Todo se pasa, / Dios no se muda,

            La paciencia/ todo lo alcanza.

            Quien a Dios tiene/ nada le falta.

            ¡Sólo Dios basta! (268)

 

 

María Mercedes Andrade
Editora

Margarita Pérez
Asistente editorial

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