Entretenimiento, público y autoría femenina en los periódicos de Juana Manso (1850-1860). María Vicens*. Universidad de Buenos Aires-CONICET, Argentina

http://dx.doi.org/10.25025/perifrasis20178.16.03

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Fecha de recepción: 5 de enero de 2017

Fecha de aceptación: 25 de abril de 2017

Fecha de modificación: 2 de mayo de 2017

Resumen

El presente artículo se concentra en los tres periódicos literarios para mujeres en los que Juana Manso escribió entre 1850 y 1860. Todos ellos promovieron la ilustración moral de sus lectoras, aunque también incluyeron apuestas relacionadas con el interés de la escritora por construir una carrera literaria. Estas se enfocaron en el uso de tonos lúdicos y el mundo del entretenimiento para seducir al emergente público femenino, y en el aprovechamiento del periódico como un ámbito de construcción de su impronta autoral, que se adelanta varias décadas al modo como las escritoras finiseculares utilizarían la prensa para afianzarse en el campo cultural.

Palabras clave: prensa, lectoras, escritoras, siglo XIX, literatura argentina.

 

Entertainment, Public, and Female Authorship in Juana Manso's Magazines (1850-1860)

Abstract

This article focuses on the three literary magazines for women in which Juana Manso wrote between 1850 and 1860. All of them promoted the moral illustration of their readers, although their pages also evidenced her commitment to building a literary career. These texts concentrated on the use of playful tones and on the world of entertainment in order to seduce female readers. They also focused on the use of the newspaper as an arena for the construction of Manso’s authorial figure, foreshadowing by several decades the way in which women writers used the press to strengthen their authorship in the fin de siècle cultural field.

Keywords: printed press, female readers, women writers, 19th century, Argentinian literature.

 

La figura de Juana Manso (1819-1875) ha sido rescatada en las últimas décadas por la crítica de género y los historiadores de la cultura como una precursora en el mundo de la prensa para mujeres, una pensadora de avanzada —especialmente en su defensa de la educación laica y mixta— y un referente central para las mujeres que hacia finales del siglo XIX comenzaron a participar de manera más expandida en la esfera pública argentina. Integrante de la generación romántica, exiliada del rosismo y educadora de renombre, la impronta de Manso se recorta en el panorama de años 50 y 60 con el perfil de la publicista que intenta abrirse paso en un campo letrado masculino. Este emerge como una arena de combate en el marco del proceso de reconfiguración social posterior a la batalla de Caseros (1852), atravesado por fuertes discusiones en torno al lugar de la escritura, la política y la forma de construir una cultura nacional frente al “vacío” dejado por el gobierno rosista (Halperín Donghi, Myers, Bruno). Ante este escenario, trabajos como los de Lea Fletcher, Liliana Zuccotti, Francine Masiello, Carolina Kaufmann, Margarita Pierini, Lelia Area y Graciela Batticuore se han concentrado en analizar extensamente los problemas que enfrentó Manso desde de la fundación de su primer periódico argentino —Álbum de Señoritas (1854)— para poder afirmarse como publicista, centrados sobre todo en la indiferencia del incipiente público femenino y las críticas que sus ideas y su figura dispararon entre sus pares.

          Si bien la lectura femenina se había convertido desde finales de la década de 1830 en una preocupación constante para letrados románticos como Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y José Mármol, promovida a partir de publicaciones como La Moda (1837) y ficciones como Amalia (1851-1852/1855) y asociada ante todo con la figura de la madre republicana, la participación activa de mujeres ilustradas en la esfera pública implicaba para estos escritores una nueva dimensión que no siempre estuvieron dispuestos a respaldar. Ante la aparición de publicaciones dirigidas por mujeres como La Aljaba, de Petrona Rosende de Sierra; La Camelia, de Rosa Guerra; y el Álbum de Señoritas, la respuesta de sus colegas masculinos fue en gran medida el rechazo. La resistencia a la figura de la publicista se expresó por lo general a través de ataques por una supuesta falta de preparación y acusaciones en las que eran tachadas de ignorantes y soberbias, como sucedió con las iniciativas de Rosende de Sierra y de Guerra. En el caso de Manso, a ese tipo de ataques se sumó una marcada indiferencia del público que llevó a la temprana finalización de sus proyectos periódicos. La brevedad de estas iniciativas (ninguna alcanzó el año se publicación) no evita, sin embargo, que puedan observarse en ellas sus puntos de contacto y su carácter fundacional en la historia de la prensa para mujeres en la Argentina. Sobre todo porque todas estas publicaciones se propusieron como objetivo central ilustrar a sus lectoras y en este marco, aunque respetaron los rígidos códigos morales de la época y las expectativas de género tradicionales —sintetizadas en la figura del ángel del hogar—, tuvieron una importancia central al defender el acceso de las mujeres al conocimiento, intervenir públicamente en debates de la época e invitar a sus suscriptoras a participar de ese espacio discursivo. En resumen: estas publicistas inauguraron un espacio de escritura crucial para indagar en la presencia de las mujeres en la esfera pública argentina y en la figura de la mujer letrada. Y, de todas ellas, Juana Manso fue quien encaró este tipo de proyectos de manera más sistemática y autoconsciente, a partir de la fundación del Álbum de Señoritas y La Siempre-viva, así como de su activa colaboración en La Flor del Aire1.

           Si un periódico es, como sostiene Beatriz Sarlo, un “banco de prueba” (11) y un objeto que se destaca por su cualidad instrumental, ya que “se diseña para intervenir en la coyuntura” (11) y se define por el haz de problemas que sus responsables “eligieron colocar en su centro”, cabe preguntarse entonces cuáles son los ejes que plantean estas publicaciones vinculadas con Manso, qué textos eligen mostrar y cómo intervienen en la coyuntura de su tiempo para examinar los discursos dirigidos a las mujeres que circulan en ese momento en el campo cultural argentino y qué tipo de imaginario colectivo van construyendo. Porque un rastreo detallado del Álbum de Señoritas, La Flor del Aire y La Siempre-viva expone por un lado esas propuestas en torno a la ilustración femenina y la maternidad republicana analizadas por la crítica literaria de las últimas décadas, pero por otro, una serie de aspectos que han recibido menor atención y que sin embargo emergen como cuestiones fundamentales para pensar en la prensa de mujeres de la segunda mitad del siglo XIX. Estas se vinculan con el modo como los periódicos para mujeres funcionan como el escenario e instrumento primordial para las mujeres con aspiraciones literarias de la época, ya que a través de ellos dan a conocer sus textos, se contactan con otras colegas y fortalecen en este proceso la figura de la escritora. En este punto, la construcción de un público femenino para sostener estas propuestas y la utilización del espacio del periódico como un ámbito de afirmación autoral y de autopromoción surgen como dos dimensiones clave que aparecen de manera protagónica en los periódicos de Manso2 y preanuncian prácticas discursivas que señalan un camino a seguir a las mujeres que buscan hacerse un lugar en el campo cultural argentino de las décadas siguientes.

 

1. LA SEDUCCIÓN DE LAS LECTORAS

Si bien la prensa de mujeres argentina del siglo XIX ha sido por lo general analizada en relación con el mundo de los derechos femeninos (son propuestas que a través de posturas más o menos conservadoras defienden el acceso de las mujeres a la educación, a la patria potestad de sus hijos e, incluso, al mundo del trabajo, además de resaltar su rol fundamental en la sociedad como eje del hogar) y cómo estos planteamientos van ganando fuerza de la mano del crecimiento del Estado y un paulatino proceso de modernización cultural (Auza, Fletcher, Masiello, Batticuore), en las últimas décadas han aparecido una serie de propuestas críticas, emparentadas con los estudios sobre público y consumo (Loeb, Beetham) que ofrecen una mirada renovada para este universo local de periódicos. Trabajos como los de Regina Root y Susan Hallstead han revisitado gran parte de este corpus de periódicos para recortar lo que denominan fashion narratives y pensar cómo la moda dialoga con los discursos políticos de su tiempo y ocupa un lugar importante en la construcción de la identidad nacional. Asimismo, Víctor Goldgel ha ampliado varias de estas cuestiones para analizar otras zonas del periodismo americano decimonónico vinculadas con las secciones de variedades, las curiosidades y “el uso de lo frívolo para conquistar lectores” (Cuando lo nuevo descubrió América 95). Esta dimensión, menospreciada en general por los propios letrados americanos en su momento y por la crítica académica posterior, resulta sin embargo central, como apunta Goldgel, en la construcción de un público todavía reducido y frágil al que se pretende “civilizar” y “modernizar”, y ya aparece como la vía más eficaz para seducir lectoras en propuestas como La Moda, de Juan Bautista Alberdi (Iglesia y Zuccotti) y en las columnas de Domingo Faustino Sarmiento en El Progreso de Chile (Batticuore). Pese a que la escasez de suscripciones y la brevedad de estos proyectos exponen una vez más el límite de estas iniciativas frente a un público lector que no termina de materializarse, las ideas que circulan en proyectos como los de Alberdi y Sarmiento van a probar su eficacia al expandirse en los periódicos impulsados por Manso en las décadas siguientes.

          Si bien desde sus contemporáneos en adelante se ha destacado por lo general la faceta más seria y aguerrida de Manso3, una lectura detallada del Álbum de Señoritas, La Flor del Aire y La Siempre-viva ofrece los rasgos más lúdicos y jocosos de su impronta autoral y cómo esta dimensión no es un aspecto involuntario o inevitable de estos proyectos, sino más bien un elemento fundamental para su directora, especialmente a la hora de buscar la atención de su público. Incluso se podría decir que, porque quiere ser una escritora reconocida y valorada, Manso se adentra en el mundo de lo juguetón y lo frívolo; sabe que sin lectoras que la sigan y la lean sus proyectos periodísticos y autorales son inviables y es la diversión el camino más directo para seducirlas. Así, la premisa de entretener para ilustrar se presenta como una de las características más importantes de sus periódicos. Esta dimensión ya asoma en la presentación del Álbum de Señoritas: además de señalar que los esfuerzos del semanario estarán consagrados a ilustrar a las mujeres y “emanciparlas de las preocupaciones torpes y añejas que les prohibían hasta hoy hacer uso de su inteligencia, enajenando su libertad y hasta su conciencia” (“La redacción” 1), la publicista promete “figurines, moldes de vestidos, dibujos y músicas” (2) a medida que aumenten sus lectoras y la capacidad de financiamiento del semanario. Lejos de estar enemistados, entretenimiento e ilustración van de la mano y son los elementos clave para hacer de su propuesta un producto de larga vida y que pueda autofinanciarse.

          Esta importancia dada al mundo del entretenimiento y las variedades como la vía más eficaz para captar lectoras presenta una dimensión específica en la que es interesante detenerse para repensar el perfil de Manso como escritora. Porque ese mundo que se propone incorporar el semanario no se limita únicamente a elementos concretos como partituras, moldes y figurines de moda, sino que también impone otro tono lúdico y jocoso que adoptará la propia publicista en ciertas zonas del Álbum de Señoritas. En su primera crónica social, por ejemplo, señala: “De todos mis compromisos, es este el que considero más serio. El oficio tiene mil peligros, el más eminente, hacer bostezar [a] los lectores” (“Crónica semanal” 7). A esta introducción sigue una serie de informaciones breves y comentadas al paso sobre novedades de la vida porteña: la curiosidad y el entretenimiento mandan en esas “zonas frívolas del periodismo”, como las llama Goldgel, en las que “se produce una relativa suspensión del imperativo de instruir y de civilizar” y se gesta “una prosa fácil, menor, movida no por una pulsión de informar, ordenar o racionalizar sino por un deseo de distraer” (“Calidoscopios del saber” 281). No será la única vez que Manso recurra a un tono jocoso; por el contrario, este opera como un elemento central para incorporar informaciones y anécdotas que aligeran las secciones más doctrinarias de sus periódicos, como Educación popular e Ilustración de la mujer en el caso del Álbum de Señoritas.

          Es a partir de estas “zonas frívolas” —pensadas como una dimensión “inevitable” de la prensa de la época para captar a un público amplio— que se puede indagar en otra faceta del perfil autoral de Manso. Alejada de la combativa polemista, la educadora doctrinaria e incluso la escritora romántica, esta vertiente de su pluma prioriza el entretenimiento gracias a un discurso lúdico y satírico que incluye interacciones con otros colegas y una voz que postula la chanza como código de base para hablar del mundo que la rodea, siempre un poco en broma y un poco en serio. La apuesta se vuelve a repetir en sus proyectos de los años 60. La Flor del Aire y La Siempre-viva incorporan estos tonos para postular un objetivo similar: seducir a las lectoras. En este sentido, a pesar de que la “excusa” que se aduce es el atractivo que estas secciones generan en el incipiente público femenino, la expansión de tonos vinculados a lo jocoso, lo satírico y lo frívolo propone nuevos matices en el universo discursivo que construyen estos periódicos y provoca al menos dos consecuencias. En primer lugar, esta dimensión “jocoso-satírica” va a desencadenar otras formas de interacción entre los hombres y mujeres de letras que participan de ese espacio, diferenciándose tanto de los reproches y polémicas como de los comentarios edulcorados (y, en la mayoría de los casos, paternalistas) que los escritores dirigían por lo general a sus colegas mujeres. Por el contrario, estos intercambios se presentan como verdaderos combates verbales, basados en la rapidez, la eficacia y la inventiva, aunque nunca traspasan el terreno del humor. En segundo lugar, esta faceta abre en el interior de estas publicaciones atravesadas por un férreo discurso moral la posibilidad de relativizar la rigidez de esos mandatos.

           Ambos aspectos aparecen con fuerza en La Flor del Aire, periódico para mujeres que hace de la sátira una de sus propuestas nodales, al defender con ella un objetivo moral, ya que según sostiene Lope de Río, su director, el artista es quien llama “por su nombre a los vicios de la sociedad” (“La sátira” 5). Bajo esta premisa el publicista escribe artículos como “Niñas y viejas” (10-12), en el que narra una escena donde una joven evalúa a sus pretendientes a través de un registro contable para criticar los matrimonios por conveniencia. Pese a que estas críticas son bastante tradicionales en sus argumentos, la novedad en este punto la aporta su colaboradora, Juana Manso, quien en el número siguiente publica con su seudónimo —Dolores— un texto titulado “Viejos y mozos” (21-22), en el que defiende a su género y acusa a los hombresde estimular esta tendencia materialista al elegir ese perfil de mujeres para esposas. Y cala más profundo en la crítica al sostener que “mejor ser frívola que asesina”, como “aquel pícaro rey Enrique VIII de Inglaterra que luego que no le gustaba una esposa, la hacía torcer el pescuezo como si fuese una gallina!” (22). Manso comparte el código de Lope de Río: debate en el interior de la revista de igual a igual con su director y aprovecha ese espacio para, a través del humor, denunciar la desigualdad y la violencia machista.

          Además, Manso integrará gran parte de estos elementos lúdicos y “joco-satíricos” al refundir meses después a La Flor del Aire en La Siempre-viva, no solo porque esta última va a incluir columnas de moda y crónica social como sus antecesoras, sino también porque es el tono utilizado a la hora de retratar la relación con su editor. Para mediados de la década de 1860, tener un “editor” puede ser considerado un rasgo de modernidad —casi una excentricidad— que se destaca al figurar en el encabezado de la publicación y que la escritora intentará aprovechar al máximo, convirtiéndolo en un personaje cuando el semanario comience a tambalear y recurra nuevamente a sus lectoras, como en el Álbum de Señoritas, para tratar de salvarlo. En el texto “A las Suscriptoras de la Siempre-Viva”, comenta: "Las faltas de entrega como la poca puntualidad de los días de aparición no debe imputarse a la redaccion: el editor creo que es uno de los siete Durmientes que se ha escapado del Oratorio de Handol y ha venido á Buenos Aires para probar la paciencia mía. Lo veo siempre entre dos bostezos restregándose los ojos, y sus apariciones son tan raras que parece la imagen de un sueño pronto á evaporarse ... por eso queridas lectoras necesito proteccion; el Editor duerme, la prensa calla, el periódico va como Dios quiere ..." (30).

          Lejos de silenciar sus dificultades, Manso las muestra y las convierte en entretenimiento para sus lectoras (y de paso expone las demoras de su editor), destacando en el mismo gesto los obstáculos que encuentra una publicista de la época a la hora de encabezar un proyecto propio y la posibilidad de que cualquier hecho de la vida es pasible de ser transformado en material de escritura. Por otro lado, es imposible saber si este personaje del editor moroso e indiferente hubiese crecido con el paso del tiempo porque ese fue el último número de La Siempre-viva, pero sí es interesante detenerse en los rasgos que se mantienen y los que cambian en relación con la experiencia del Álbum de Señoritas. A diferencia del semanario que había fundado una década antes, Manso ya no está sola: ha heredado un proyecto (La Flor del Aire) de otro director y tiene el apoyo de una persona que se encarga de los aspectos materiales y comerciales de la publicación, como indica el rol de editor de Pintos. Tanto la insistencia en este tipo de iniciativas como la ayuda externa que recibe demuestran que durante la década de 1860 la escritora alcanza una posición más integrada en el campo cultural porteño de su tiempo, así como la eficacia de una idea siempre defendida por ella como la de la necesidad de un periódico dirigido a las mujeres, que si bien todavía falla en encontrar la forma de conectar con las lectoras, resulta cada vez más atractivo para quienes están a la caza de oportunidades periodísticas, como los casos de Pintos y Lope del Río4.

           Asimismo, la repetición de este tipo de recursos y tonos discursivos muestra que, lejos de presentarse como un panorama escindido, mujeres y hombres comparten estos ámbitos periodísticos donde se entrecruzan discursos morales, reivindicativos, serios, jocosos y frívolos en los que el entretenimiento ocupa una dimensión tan importante como la ilustración. En este punto, la sátira emerge como un discurso importante, ya que además de identificarse con la clásica tradición que asocia la crítica de costumbres con el humor desde el teatro griego en adelante, sintoniza con dos propuestas de gran vigencia en el campo periodístico de la época: la prensa satírica, que atraviesa un período de reformulación y expansión hacia los años 60 (Román 12), nucleado en torno a la fundación de El Mosquito en 1863, y los periódicos para mujeres, en la que el uso de ese tono lúdico, confidente y frívolo gana fuerza de la mano de la expansión del público femenino. En las últimas décadas del siglo XIX el periodismo porteño se carga de alusiones, chanzas e ironías a la hora de dirigirse a las mujeres, desde las columnas de crónica social dirigidas a las lectoras como las del diario La Prensa, hasta las secciones de Modas y Variedades de La Alborada del Plata (1877-1878/1880), La Ondina del Plata (1875-1880) y El Álbum del Hogar (1878-1887), que pasan revista a la semana a través de un tono confidente y ficcionalizado donde se imponen las bromas, los comentarios al paso y el placer de la frivolidad.

          De esta forma, las secciones de modas y variedades relativizan el código moral promovido por estos mismos periódicos en sus artículos principales: el lujo y la moda se comentan sin culpas y con humor, preanunciando el discurso de los magazines y el consumo cultural que se imponen a principios de 1900, como ha destacado la crítica especializada (Batticuore, Moraña, Gené y Malosetti Costa, Vicens). Así se va construyendo un universo discursivo vinculado a estos periódicos que complejiza el discurso en torno a “lo femenino” y abre distintos puntos de fuga en los que el “imperativo de instruir” y las premisas morales se ven, si no suspendidas, al menos subordinadas a otro objetivo central para la supervivencia de estos proyectos: entretener.

 

2. ESCRITURA Y EXPERIENCIA

Pese a que las prácticas discursivas analizadas en el apartado anterior para seducir al público femenino presentan un objetivo específico vinculado con la supervivencia de estos semanarios, en el caso de Manso esta dimensión propia del desarrollo de una publicación periódica se entrecruza con sus aspiraciones autorales. Si bien su impronta ha sido rescatada por lo general en relación con el mundo de la educación y, en segundo término, en su rol de publicista, en las páginas del Álbum de Señoritas, La Flor del Aire y La Siempre-viva emerge también un perfil autoral marcado por la presencia de la primera persona y la biografía de la escritora, que asocian de manera intrínseca sus propuestas periodísticas con su figura. En su introducción a L'auteur (2001), Alain Brunn señala que el nombre del autor cambia el estatus de lo escrito y permite que sea leído con criterios literarios, ya que firmar un texto implica asumir responsabilidad sobre él e indexar a ese responsable a la literatura. También, en caso de presentarse una serie de textos, ese nombre permite que puedan ser pensados como una obra, un corpus que designa a su autor y viceversa, a partir del cual la crítica busca rasgos específicos relacionados con determinados valores estéticos que construyen una figura de autor, central para pensar la literatura del siglo XIX. Tanto por sus ideas y la franqueza con la que las expresa como por la referencia sistemática a sus vivencias personales, los textos periodísticos que Manso publica en sus periódicos pueden ser analizados en este sentido: todos construyen una imagen autoral que la ayuda a afirmarse como escritora en un campo cultural en el que esta figura es aún incipiente5.

          La voluntad de aspirar a la autoría se observa desde un comienzo en el Álbum de Señoritas, cuando Manso por ejemplo señala en relación con el regreso a la patria después de veinte años de exilio que “si en vez de simpatías me volviesen indiferencia” (“Último día del año” 2) buscaría: “... una Patria en alguna parte del mundo, donde la inteligencia de la mujer no sea un delito. Donde su pensamiento no se considere un crimen; y donde la carrera literaria no sea clasificada de pretensiones ridículas” (2). Es 1854 y Manso, a diferencia de antecesoras como Petrona Rosende de Sierra y Rosa Guerra —quienes habían rehusado a asumir la autoría de sus proyectos periodísticos, escudándose en el anonimato o el seudónimo—, no solo encabeza su periódico con su nombre, sino que además admite abiertamente su intención de desarrollar una “carrera literaria”. Esta ambición literaria, si implicaba un problema para colegas como Sarmiento, Alberdi y Bartolomé Mitre, tensionados por la política, la prensa facciosa y falta de un mercado de bienes culturales (Laera), era prácticamente impensable en esa época para las mujeres, todavía sujetas a su rol doméstico. Frente a este panorama, Manso inaugurará otro gesto que sería retomado de manera recurrente por sus sucesoras: justificar sus ambiciones autorales en su precaria situación económica (una mujer sola, madre de dos hijas), como surge de los retratos de sus contemporáneos —entre otros, el de Luis Telmo Pintos, citado al comienzo— y de los sistemáticos pedidos de ayuda financiera a sus suscriptoras que se analizarán más adelante, y convertir estas dificultades en la posibilidad de desarrollar una carrera literaria6. Así, la escritora va a aprovechar el espacio del semanario no solo para promover sus ideas pedagógicas, sino también su veta más literaria, a partir de la inclusión de la novela La familia del comendador —publicada previamente en O Jornal das Senhoras y en el Álbum de Señoritas—, la sección Mujeres Ilustres de la América del Sud —inaugurada en La Flor del Aire y continuada en La Siempre-viva— y crónicas de sus viajes por América, como “Los baños de Cap-May”, publicada en el Álbum de Señoritas (27-29), a las que volvería años después en el diario El Inválido Argentino (Pierini, 2012). En estos relatos Manso exhibe los conocimientos y experiencias acumulados en las travesías realizadas por Estados Unidos y Cuba y se muestra como una mujer ilustrada y de mundo, capaz de pensar más allá de las fronteras del hogar y de plasmarlo en la escritura. De hecho, es probable que el paso de Manso por países como Brasil, Cuba y Estados Unidos haya moldeado su mirada sobre la prensa para mujeres y las escritoras, sumamente avanzada para la época, sobre todo si se tiene en cuenta que para mediados del siglo XIX había un nutrido circuito de magazines femeninos en centros urbanos como Nueva York, pero por razones de extensión, no se profundizará esta línea de análisis.

           En el caso de un texto como “Melancolía”, incluido en la sección Variedades del Álbum de Señoritas, la escritora da un paso más y exhibe la forma como la vivencia personal lleva a la literatura, al intercalar fragmentos de uno de sus poemas con la escena de escritura del mismo. En él narra cómo la visita del escritor Alejandro Magariños Cervantes interrumpe su estado de ensimismamiento e incorpora los versos que él le había escrito durante esa tarde. Finalmente, y a modo de cierre del texto, Manso explica que, ante el pedido de los impresores de originales para completar ese número, “me acordé de Magariños, y dije: a ello, no somos Benjamín Constant y Mme. Staël, pero él es Magariños y yo... soy la humilde redactora del Álbum de Señoritas” (23). De este modo, Manso despliega dos relatos destinados a entretener a sus lectoras que, además, muestran escenas muy definidas en relación con su figura autoral: mientras en el primero despunta la escritora romántica que se inspira ante la tristeza e intercambia versos con su amigo poeta cual almas gemelas; en segundo término aparece la publicista —también solitaria— que convierte su vida en literatura (o al menos en “prosa ligera”) ante los apuros del cierre de su periódico. Y en este pasaje de la experiencia a la página Manso encuentra a una figura célebre, a una autora consagrada como Madame de Staël, en quien verse reflejada. Esta idea de la experiencia como una instancia de legitimación de la autoría —esencial en el caso de las escritoras del período, marginadas en su mayoría de las instituciones educativas y los círculos de consagración literaria— emergerá una vez más en la presentación de La Siempre-viva, donde sostiene: “Mis títulos á tan ardua empresa, son haber sufrido mucho, el sufrimiento es un buen maestro; haber leido mucho, haber pensado mucho y haber visto mucho” (“La Redacción” 2)7.

          De hecho, esta impronta autoral de Manso es el rasgo que diferencia a La Siempre-viva de La Flor del Aire, a pesar de pronunciarse su sucesora: desde el “Escrito por señoras” que la publicista decide incluir en la portada del periódico al refundirlo en adelante, su voz se expande y su discurso se reorienta progresivamente hacia problemas vinculados con la falta de derechos de las mujeres y su necesidad de acceder a una mejor educación. Como en Álbum de Señoritas, Manso insiste en que la función principal de la mujer es la familia, “campo de sus glorias serenas y puras” (“La Redacción” 2), pero este lugar debe pensarse desde una posición ilustrada en la que la esposa y madre esté en condiciones de igualdad (al menos intelectual) con su marido, para así evitar la disparidad que “conduce al hombre al Club y la muger á las Tiendas” (2). Esta defensa de la madre republicana se entrecruzará con materiales recreativos que, como se analizó en el apartado anterior, buscan atraer lectoras y con ensayos de corte crítico. En estos artículos Manso denuncia la inequidad de las mujeres y los hombres ante la ley (“La muger es el ángel de la civilizacion” 17-19) y la mala educación que reciben tanto las jóvenes ricas, formadas para ser muñecas frívolas, como las mujeres pobres, forzadas a trabajos esclavizantes como la costura o la prostitución (“La mujer y la sociedad” 25). En este último, publicado en el número final de La Siempre-viva, también reclama sobre la imposibilidad de las mujeres de circular libremente por la ciudad: "Hasta la mas insignificante ventaja le está vedada á la mujer por el egoismo del hombre de estas Americas; el hótel, el café, donde aquel entra á tomar un refrigerio, le está vedado á la mujer: vive en los confines de la ciudad, tiene forzosamente que venir al céntro, á una delijencia, á comprar, emplea un día entero, pues debe ayunar... que escandalo si entrase á almorzar á un hotel ó en un café!..." (26). Manso elabora una crítica social en función de su propia experiencia como mujer, porque es ella quien vive lejos (en esos años estaba instalada en Morón) y no tiene dónde quedarse cuando viaja a la ciudad por algún trámite. Ella sabe mirarse, analizar sus problemas y pensarlos en función de todas las mujeres, es decir, sabe convertir su experiencia personal en un problema de género. Como ya había sucedido en Álbum de Señoritas, el yo autoral de Manso no puede evitar proyectarse sobre su periódico; refleja sus preferencias, sus ideas, sus vivencias. Eso es lo que distingue ante todo sus iniciativas de otros periódicos para mujeres: la primera persona se impone y expande lo personal hacia lo colectivo para buscar el contacto con el público, adelantándose a una de las premisas más conocidas del movimiento feminista durante el siglo XX: para Manso lo personal, sin duda, es político.

          La misma proyección se producirá en la sección Mujeres Ilustres de la República Argentina: los avatares de Luisa Díaz Vélez de Lamadrid (la única biografía que llega a tratar en la breve existencia de La Siempre-viva) la llevan a referirse a sus propias vivencias durante el rosismo. Cuando relata que Díaz Vélez regresa a Buenos Aires para cuidar a su madre enferma, después de años de exilio, y recién allí se entera de la muerte de su padre, su biógrafa ad hoc comenta: "Ay! tambien una noche despues de tres años de ausencia, anclaba una fragata que venía de lejanas riberas, en el puerto de Janeiro; también yo me preparaba á volver [a] abrazar á los mios y desde la borda de la embarcacion al mirar las luces de la tierra, mis ojos querian adivinar cual alumbraria la pobre morada de mi familia... y cuando pisé tierra uno de mis viejos ya habia partido! sus huesos y su cruz duermen sobre la tierra extrangera!" (20). Manso se proyecta en la protagonista de su relato y, con este gesto, se legitima como una heroína que, a pesar de penurias y exilios, ha seguido adelante. Una vez más la experiencia personal emerge como una dimensión crucial, que además de autorizar la escritura, define las ideas de la publicista, sus alianzas y amistades, así como su sensibilidad romántica y la particularidad de sus proyectos. De este modo, estos periódicos conforman un corpus que se aleja de la supuesta neutralidad de la prosa periodística para construir una impronta específica: los textos de Manso pueden ser identificados y asociados con su nombre por un estilo determinado; están atravesados por las experiencias de su autora e integran un todo que se diferencia de otras publicaciones y escritoras. En resumen: construyen, a su modo, una obra.

          En este sentido, Manso es una visionaria: la utilización de la prensa para mujeres como una instancia de construcción autoral se impondrá en las últimas décadas del siglo XIX como una verdadera herramienta a la que las escritoras hispanoamericanas recurren para darse a conocer y afirmar sus trayectorias en el campo letrado de la época: figuras como Gorriti, Clorinda Matto de Turner, Soledad Acosta de Samper y Emilia Serrano de Wilson también hicieron de sus periódicos una instancia clave para construir sus figuras autorales y es frente a este escenario que las propuestas de Manso de 1850 y 1860 se presentan, más que como precursoras, como el hito inicial de un emergente campo letrado femenino que eclosionaría hacia fin de siglo, de la mano de la expansión del público lector y la modernización de la prensa8.

 

3. EL DIFÍCIL ARTE (?) DE ESCRIBIR

Tanto los recursos utilizados para seducir a potenciales lectoras como el modo como aprovecha sus periódicos para afirmar su voz autoral muestran hasta qué punto Manso se piensa a sí misma como una escritora y busca desarrollar una carrera literaria en consecuencia. Estas aspiraciones sin embargo encuentran en la dimensión material de sus proyectos un obstáculo insuperable: Manso aspira a ser una escritora profesional en el sentido de quien puede mantenerse con su pluma (Peterson), pero el contexto no la acompaña, la Argentina todavía está lejos de consolidar un mercado de bienes culturales. Pero la inquietud está porque, de hecho, el dinero es una referencia constante en sus periódicos. En Álbum de Señoritas, por ejemplo, el aspecto económico aparece desde el primer número —en el que señala: “... un primer número me cuesta cinco veces más que un prospecto y he preferido gastar más, con tal de dar una idea más clara de mi pensamiento” (“La Redacción” 1)—, hasta su ocaso definitivo por falta de suscriptoras en febrero de 1854. Algunas semanas antes de ese cierre, en un pedido encarecido a sus lectoras, la publicista aseguraba que su ambición “no es de plata” (“A nuestras suscriptoras” 40), aunque aclaraba: “... si nunca he considerado la fundación de este periódico como un medio de especulación, tampoco ha podido nunca entrar en mis cálculos de presupuesto mensual y de economía, gastar una fuerte suma por mes en imprimir papel, cuyo destino más próximo será ir para alguna taberna a envolver azúcar y arroz” (40). Como mujer separada y sin fortuna, Manso debe trabajar para mantener a sus hijas, y por este motivo un periódico que no da réditos es inviable. Escribir es para ella, no solo el producto de la inspiración del momento o un arte que proyecta la intimidad del yo (nociones que remiten a ese imaginario romántico tan presente en sus textos), sino también una actividad laboral que sin embargo no logra instalarse en el contexto local.

          La escritora sintoniza en este punto con gran parte de las problemáticas en torno a la escritura, la política y la falta de un mercado de bienes culturales para profesionalizarse que sus colegas románticos atraviesan durante el período posrosista, pero el hecho de ser mujer complejiza estos planteos y refuerza su perfil de avanzada: décadas antes de la expansión del público y la eclosión del consumo de magazines y libros de bajo costo (Merbilháa), Manso piensa en la escritura como una carrera literaria posible para las mujeres y a sus lectoras, como destinatarias a quienes es necesario entretener y seducir, además de ilustrar, para poder mantener vivos sus proyectos ideológicos, pero también comerciales y profesionales. Entretenimiento, público y autoría se entrecruzan así en estas publicaciones para plasmar, no solo el modo en que la escritora se percibía a sí misma, cuáles eran sus ambiciones y cómo pensaba que podía concretarlas, sino que también funcionan como una hoja de ruta para las mujeres con aspiraciones literarias en la Argentina de fin de siglo, ese mundo que se desarrolla al paso del incipiente mercado de bienes culturales y cuando ser escritora había dejado de ser una osadía digna de una mujer con la audacia de Juana Manso.

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* Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla . Doctora en Letras. Universidad de Buenos Aires.

1. Es importante mencionar que Manso publica previamente Jornal das Senhoras (1852) en Brasil, incorporando gran parte de sus contenidos en la versión porteña, pero por cuestiones de extensión he decidido concentrarme en sus publicaciones porteñas. Para un acercamiento a este primer proyecto, véanse los trabajos de Graciela Batticuore y Guillerme Domingues Gonçales.

2. En paralelo a estos periódicos literarios, Manso desarrolló un perfil pedagógico a través de su participación en Anales de la educación común (1858-1870) y publicó las novelas La familia del comendador (1852) y Misterios del Plata (1852/1868), y el manual Compendio de la historia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1862).

3. En el artículo que dedica a Manso, Luis Telmo Pintos, director de La Ondina del Plata, la describe por ejemplo como “un austero apóstol de la enseñanza” (145), una “santa cristiana” (145) y una “obrera del progreso” (145), enfatizando su perfil docente y su vida de madre abnegada. Se respeta la ortografía original en todas las citas incluidas en este trabajo.

4. Si bien La Flor del Aire y La Siempre-viva fueron proyectos breves y de escasa resonancia (Auza, Masiello, Hallstead), son importantes por la presencia de Eduarda Mansilla, Manso y de la familia Pintos (dueños de una imprenta) en sus páginas, especialmente para vincular los inicios de la prensa para mujeres con su expansión a fines del siglo XIX.

5. Las escritoras argentinas empiezan a asomar hacia 1850 y 1860, todavía en forma esporádica (Masiello, Batticuore). Mansilla difunde sus primeras novelas —El médico de San Luis y Lucía Miranda— en 1860, con seudónimo, en folletín y desde Europa, mientras que Gorriti edita Sueños y realidades (1865) desde Lima. También publicaron en esos años Margarita Rufina Ochagavía y Mercedes Rosas (Molina).

6. El mismo argumento utilizarían años después para desarrollar una carrera en Buenos Aires Lola Larrosa, directora de la segunda época deLa Alborada del Plata (1880) y autora de varios libros entre 1880 y 1890, y Clorinda Matto de Turner, fundadora del periódico Búcaro Americano (1896-1908) y reconocida escritora peruana.

7. La idea del “sufrimiento como escuela” es un tópico romántico que se repite en el discurso de una contemporánea de Manso como Gorriti, especialmente en la construcción que hace de sí misma en Lo íntimo: como en el caso de su colega, la experiencia no solo lleva a la escritura, sino que la autoriza.

8. Gorriti fundó El Álbum (1874-1875) y La Alborada (1875-1876) en Lima y La Alborada del Plata, en Buenos Aires; Matto de Turner, El Recreo (1876) en Cuzco y Búcaro Americano en Buenos Aires; Acosta de Samper, La Mujer (1878-1881) y otros cuatro periódicos en Bogotá; Serrano de Wilson, Semanario del Pacífico (1877-1878) en Lima y otras publicaciones en México y Cuba, por mencionar algunos de los casos más destacados.

 

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María Mercedes Andrade
Editora

Margarita Pérez
Asistente editorial

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