Viaje terminado, viaje inevitable, viaje imposible: la superación literaria del viaje a Europa en Memorial de Aires de Machado de Assis. Rubén A. Sánchez-Godoy*. Southern Methodist University, Estados Unidos

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Fecha de recepción: 3 de julio de 2016

Fecha de aceptación: 23 de septiembre de 2016

Fecha de modificación: 10 de octubre de 2016

Resumen

Este ensayo propone una aproximación a Memorial de Aires de Machado de Assis (1908). Esta novela recoge las reflexiones que el consejero Aires, un diplomático retirado en Río de Janeiro, hace a propósito de una historia de amor entre dos jóvenes que, después de varias deliberaciones, deciden abandonar Brasil para vivir en Portugal en contra del deseo de sus protectores. El ensayo examina la relevancia de la abolición de la esclavitud en la decisión que toman los jóvenes y cómo ese evento produce una reconsideración tanto de las relaciones entre metrópoli y periferia como de las causas de la tristeza.

Palabras clave: Machado de Assis, Memorial de Aires , viaje, esclavitud, nostalgia.

 

Finished, Unavoidable, and Impossible Journeys: The Literary Reframing of the European Journey in Machado de Assis’Counselor Aires’ Memorial

Abstract

This essay proposes an approach to Machado de Assis’ last novel, Counselor Aires’ Memorial (1908). In this novel, counselor Aires, a former Brazilian diplomat, narrates the story of a young couple that, after a long decision-making process, decides to move from Brazil to Portugal against the will of their protectors. The essay examines the relevance of the abolition of slavery in Brazil in 1888 for their decision to leave the country, and to what extent abolition promotes a new understanding of the relationship between metropolitan centers and periphery as well as a reflection about the causes of sadness.

Keywords: Machado de Assis, Counselor Aires’ Memorial, travel, slavery, nostalgia.

 

1. EL ORIGEN DE LA TRISTEZA

En un artículo titulado “The Beautiful Form of Sadness”, Hans Ulrich Gumbrecht propone una aproximación a Memorial de Aires de Machado de Assis en la cual enfatiza el papel de la tristeza (sadness) dentro del relato. Para Gumbrecht, esta novela de Machado presenta la tristeza como dimensión de la existencia humana que determina el punto de vista del narrador (315). El origen de la tristeza de este se halla en la conciencia de lo remoto, esto es, el darse cuenta de la distancia que existe entre su vida pasada como diplomático en Europa y su presente como hombre jubilado en Brasil que vive rodeado de otros que de algún modo se hallan en la misma situación suya. Esta conciencia de lo remoto provoca que el pasado se transforme para él en recuerdo de lo irrecuperable, el presente en conciencia del vacío y el futuro en anuncio de la nada (315-6). En un artículo que publica en 2008 y en el cual expone de manera más amplia su concepción del Stimmung (tono) como clave de lectura de los textos literarios, Gumbrecht regresa brevemente sobre este texto de Machado identificando esa tristeza como saudade, palabra más propia del vocabulario machadiano, a la que el crítico alemán caracteriza como “the feeling that whatever is good and desirable in our lives must irreversibly lie in the past” (“Reading” 218).

            En este ensayo quiero discutir cierto aspecto de la caracterización que hace Gumbrecht de la tristeza en Memorial de Aires y proponer una aproximación diferente a dicho asunto. Según el crítico alemán, esta tristeza está marcada por la situación periférica en la cual se encuentra el narrador del texto. “The remoteness of the European world—above all: the never-ceasing awareness of the remoteness of the world’s center— keeps the world of Brazil in the status of a colony” (“The Beautiful” 310). En consecuencia, no es solo el paso del tiempo lo que produce la tristeza del narrador, sino más precisamente el paso del tiempo en tanto que está conectado con el reconocerse en una periferia, marcada por un pasado colonial, a la que se ha retornado después de haber estado al menos por un tiempo en Europa. Gumbrecht concluye su aproximación al texto de Machado diferenciando en este dos aspectos de la tristeza. "Sadness, no doubt, is a “Stimmung” that is most typical for old age in human life–when we have to live, increasingly, on the memories of irreversible receding moments of happiness. Forming a strange chiasm, however, sadness is also an attunement typical of the New World—of the New World as a (post-) colonial world where the life of the center vanishes into a past that becomes more remote each time. We have long known that the tropical world is a world of sadness. Through Machado de Assis’ final novel this knowledge can become the reader’s own experience" (“The Beautiful” 316).

            La caracterización que Gumbrecht hace del Nuevo Mundo como mundo tropical en el que la tristeza predomina debido a su pasado colonial es por lo menos discutible. Diversos matices y reparos podrían proponerse a dicha caracterización que rememora aspectos de la conocida disputa sobre el Nuevo Mundo sostenida en Europa durante la segunda mitad del siglo XVIII (Gerbi). Sin embargo, lo que me interesa explorar aquí es el argumento según el cual la tristeza en Memorial de Aires surge cuando alguien se reconoce en una periferia y recuerda nostálgicamente el pasado vivido en la metrópoli. La relevancia de la tristeza en este texto de Machado es inocultable, y la lectura propuesta por Gumbrecht puede sostenerse en ciertos pasajes de dicho texto en los cuales el viaje a Europa se presenta como evento decisivo tanto en la vida del narrador como en la de otros personajes del relato. Sin embargo, considero que afirmar que la tristeza es el fruto del recuerdo del paso por la metrópoli no hace justicia al conjunto del texto de Memorial de Aires, ya que deja de lado aspectos importantes explorados en él y, más aún, la trama que lo articula.

          Si bien la tristeza recorre y caracteriza la compleja voz del narrador en Memorial de Aires, ella no es solo ni principalmente el fruto de los recuerdos de su vida pasada en Europa, sino mucho más ampliamente el resultado de su percepción de transformaciones que experimenta el entorno en el cual vive durante 1888 y 1889, años en los cuales explícitamente tiene lugar el relato y que corresponden al momento en que la esclavitud es abolida en Brasil. Estas transformaciones harán que ciertas personas en el entorno del narrador y aún él mismo se descubran inmersos en una soledad que se presenta como inevitable no obstante sus esfuerzos para evitarla o, al menos, postergarla. En pocas palabras, si bien en Memorial de Aires la saudade juega un papel fundamental, esta no emerge como recuerdo nostálgico de la metrópoli distante y del pasado vivido en ella, sino como sentimiento de desarraigo producido por un conjunto de transformaciones sociales difíciles de aceptar para el narrador y los otros personajes del relato.

          En este sentido, en Memorial de Aires las reflexiones del narrador no se dirigen hacia el recuento de eventos relativos a los viajes que él y otros llevan a cabo, sino hacia la exploración de los motivos que provocan o impiden dichos viajes. Dejando de lado una representación del viaje a Europa como evento decisivo en la vida de un individuo cuyas vicisitudes son el foco de atención del trabajo narrativo, Memorial de Aires se concentra en las circunstancias que llevan a que ciertos individuos, incluido el narrador, decidan dejar de viajar, viajar o no viajar a Europa. En ese contexto, el tema de la saudade producida por el recuerdo del viaje realizado a Europa es desplazado y superado por una reflexión mucho más amplia y compleja sobre las transformaciones que produce un evento, la abolición de la esclavitud, en la vida de los protagonistas del relato y, más en concreto, en su sentimiento de arraigo a Brasil. Para hacer plausible este argumento, llamaré la atención sobre tres tipos de viaje que pueden ser identificados a través de las reflexiones del narrador de acuerdo a las razones que motivan o impiden dicho viaje: en primer lugar, el viaje finalizado, en segundo lugar, el viaje inevitable y, finalmente, el viaje imposible.

 

2. EL VIAJE FINALIZADO

El personaje del consejero Aires aparece en Esaú y Jacob, novela que Machado publica en 1904. En ella, Aires aparece no solo como uno de los personajes del relato sino como el que lo ha escrito ubicándolo en el séptimo y último cuaderno de sus manuscritos. Machado afirma que ha depurado este último cuaderno y presenta a Aires como un hombre humilde “que no representó ningún papel eminente en este mundo; recorrió la carrera diplomática y se jubiló” (13-4). Cuatro años después en Memorial de Aires, Machado se presenta de nuevo como editor del memorial del consejero aclarando que se ha concentrado en la edición de dos años del memorial (1888-1889), con el fin de producir una narración fluida por medio de la eliminación de información innecesaria (37).

           Memorial de Aires comienza con una afirmación del consejero Aires, narrador y protagonista del relato, quien afirma de sí mismo que es un viajero que ha dejado de viajar o, dicho de modo más preciso, ya ha realizado y terminado su viaje por Europa: “Ora bem, faz hoje um ano que voltei definitivamente da Europa”1 (3). Algunas líneas más adelante, él presenta la razón de su regreso definitivo: “Cheguei aposentado á minha terra, ao meu Catete, á minha língua”2 (3). El carácter definitivo de su regreso es reiterado por el narrador en varios pasajes del texto, enfatizando siempre que, no obstante que su carrera diplomática lo llevó por diversos lugares de Europa durante treinta años al punto de haber enterrado a su esposa en Viena (10), no ha pensado regresar allí por ningún motivo. Su edad —62 años (9 y 166)—, sus dolencias físicas y, más que nada, su imposibilidad de establecer algún lazo decisivo con Europa o, más precisamente, con algún lugar o persona en específico allí, hacen impensable para él la idea de emprender un viaje de nuevo. Su vida de viajes ha terminado.

          Si bien en diversas ocasiones a lo largo del relato el consejero Aires hace alusión a sus vivencias en Europa, sus comentarios no exhiben ninguna particular preferencia o exaltación de su vida allí y, menos aún, nostalgia por no estar más allí. Hablando de su larga estancia en Europa dirá: “Certamente ainda me lembram coisas e pessoas de longe, diversões, paisagens, costumes, mas não morro de saudades por nada. Aqui estou, aqui vivo, aqui morrerei”3 (3). En contraste con esa imposibilidad de identificar algo o a alguien que lo conecte de manera decisiva con Europa, la familiaridad geográfica con Río de Janeiro, así como la presencia de su hermana Rita y de algunos conocidos que visita con cierta frecuencia, hacen que la ciudad se presente como el lugar en el cual desea vivir durante los últimos años de su vida. Si no es nostalgia, lo que sí le ha brindado la vida en Europa al consejero es la posibilidad de tener cierta cercanía con algunos miembros de la élite de Río de Janeiro. En su artículo “O Memorial de Aires e a Abolição”, Pedro Coelho Fragelli resalta que, a diferencia de otras obras de Machado donde ciertos personajes son hombres libres no propietarios, en esta novela de Machado todos los personajes son propietarios adinerados pertenecientes a la élite fluminense del final del Segundo Reinado (196). Aires se presenta como escritor culto que recoge y comenta en su diario, al que considera su principal confidente e interlocutor, sus relaciones con otros personajes, examinando desde una pretendida distancia, por un lado, los lazos afectivos que existen entre ellos y, por otro, las decisiones que terminarán por distanciarlos irremediablemente.

          Así, además de mantener contacto permanente con su hermana Rita, sabemos por su diario que Aires deviene amigo del banquero Aguiar y su esposa D. Carmo, una pareja que probablemente es un poco menor que él y la cual, muy a su pesar, no ha podido tener hijos. Se hace confidente de Fidelia Noronha, una joven mujer muy cercana al matrimonio Aguiar que ha enviudado recientemente y que pierde a su padre el barón de santa Pía, un hacendado de Paraíba do Sul propietario de esclavos. Finalmente, establece amistad con Tristão, el adorado ahijado del matrimonio Aguiar, quien regresa a Brasil con el supuesto propósito de reconectarse con su tierra nativa después de haber viajado a Portugal con su familia, haber vivido durante varios años allí, formarse como médico y naturalizarse portugués. Los encuentros que Aires sostiene con estas personas y sus reflexiones sobre estos encuentros serán registrados por él en un diario cuyas entradas van desde enero de 1888 hasta una fecha indeterminada, posiblemente poco después de agosto de 1889. A pesar de su carácter episódico y un tanto irregular en extensión, las entradas permiten reconocer una secuencia narrativa que va desde el momento en que Aires tiene conocimiento de Fidelia Noronha en un cementerio, hasta el momento en que ella, a pesar de los ruegos del matrimonio Aguiar, viaja a Portugal junto con Tristão poco después de casarse con él. En este sentido, Memorial de Aires puede ser leído como el relato de una historia de amor entre Fidelia y Tristão que, a causa del viaje en el que desemboca, produce alegrías en unos y tristezas en otros.

           La postura reflexiva que Aires mantiene hacia su entorno en su diario ha llamado la atención de varios estudiosos de Memorial de Aires, los cuales la han caracterizado de diversas maneras. Avanzando sobre la lectura que ha propuesto de Don Casmurro y el carácter poco confiable de los narradores machadianos en primera persona (Blas Cubas en Memorias Póstumas y Bentinho en Don Casmurro), John Gledson considera que Aires es un narrador escéptico con opiniones preconcebidas y prejuicios que “lo ciegan ante posibles verdades” (240) y que termina asumiendo una postura esteticista y un tanto ingenua ante los eventos que narra (244). En este sentido, Gledson considera que el trabajo del lector consiste en sospechar del narrador y de todos aquellos que hacen parte de la trama del relato, en particular de los motivos que Fidelia y Tristão aducen para justificar su abandono de Brasil al final de la novela. Más recientemente, Gabriela Kvacec Betella ha avanzado sobre las ideas propuestas por Gledson enfatizando que el consejero Aires Machado recoge la perspectiva de una élite que, bajo el manto de la amabilidad y una pretendida superioridad epistémica sobre otros, no hace otra cosa que oscilar entre el desdén y la desconfianza hacia todos aquellos que le rodean. Según ella, el monólogo de Aires puede ser leído como una crítica que Machado propone a un punto de vista que encuentra su ocaso en un momento de transformación de la sociedad brasilera de finales del siglo XIX. “Elegendo um narrador ilustrado, hábil no trato social e precavido contra sua própria exposição, Machado destrói um comportamento paradigmático da superioridade e da elegância”4 (174).

          En contraste con estas posiciones de sospecha y crítica hacia la perspectiva del consejero, en su estudio de Memorial de Aires Luiz Roncari afirma que Machado hace uso de este narrador, al que considera una suerte de alter ego del autor brasilero, para expresar sus propias opiniones acerca del declive de una élite que no quiere reconocer las transformaciones que experimenta su entorno social. Según Roncari, Aires posee un sentimiento utópico burgués caracterizado como una aspiración a enlazar el progreso social y tecnológico con el progreso individual (166). Ese sentimiento le mueve a ayudar a los jóvenes Fidelia y Tristão a escapar del cerco posesivo en el que los quiere atrapar el matrimonio Aguiar. En palabras de Roncari, se trata para Aires de “salvar os moços dos mortos vivos”5 (192). En este sentido, el consejero se encuentra en el umbral entre dos generaciones separadas por el tiempo y, más que nada, por la abolición de la esclavitud, tomando partido por los jóvenes en detrimento de los viejos.

          Finalmente, en su aproximación a Memorial de Aires , Pedro Meira Monteiro afirma que el narrador, en el ocaso de su vida y bajo una pretendida neutralidad frente a los hechos que relata, intenta socavar cualquier tipo de confianza en los motivos que los protagonistas y aun él mismo esgrimen para justificar sus acciones. En este sentido, el diario de Aires es la elaboración de un deseo, enunciado desde el comienzo del relato como apuesta, que busca su satisfacción en demostrar la infidelidad de Fidelia a la memoria de su difunto esposo. En contraste con la ópera Fidelio de Beethoven, en la cual las máscaras son utilizadas como medio para que la fidelidad de los amantes se mantenga y triunfe, en Memorial de Aires la fidelidad deviene la máscara de deseos que se intentan esconder: “A arte de Machado de Assis se alimenta, se não me engano, da desconfiança profunda e original que torna o universo das ações humanas uma gigantesca mascarada, em meio da qual todo e qualquer julgamento sobre o caráter não pode ser senão uma aposta, afinal não sabemos, de fato, o que está comandando as ações”6 (“Oui, mais” 310). Meira Monteiro avanza sobre esta idea de una desconfianza radical para señalar que en Memorial de Aires Machado propone una aproximación al pasado en la que el futuro queda abolido: “Estamos diante de uma voz forjada a partir da percepção dos meandros e dos desejos falhados de uma classe em decadência”7 (“O futuro” 50).

          Más allá de sus divergencias en la interpretación y valoración de la perspectiva del consejero Aires, estos estudiosos concuerdan, a diferencia de lo que piensa Gumbrecht, en que la tristeza de este no está ligada al recuerdo de la vida en Europa, sino a un conjunto de eventos que suceden en Brasil cuando él regresa y a las reflexiones que él propone sobre dichos eventos. El recuerdo del viaje a Europa no produce saudade en el narrador. Esto no quiere decir que esta no esté presente en su monólogo, sino que responde a otras razones. Así, en un momento en que experimenta una dolencia en su rodilla que le impide visitar a sus conocidos durante algunos días, Aires declara comparándose con D. Carmo: "D. Carmo lá tem o marido e os dois filhos postiços. Eu tenho a mulher embaixo do chão da Viena e nenhum dos meus filhos saiu do berço do Nada. Estou só, totalmente só. Os rumores de fora, carros, bestas, gentes, campainhas e assobios, nada disto vive para mim. Quando muito o meu relógio de parede, batendo as horas, parece falar alguma cousa — mas fala tardo, pouco e fúnebre. Eu mesmo, relendo estas últimas linhas, pareço-me um coveiro"8 (153). En diversos pasajes del texto Aires reitera esta incomodidad con la soledad que en ciertos momentos él busca de manera deliberada y no encuentra paliativo en la presencia de su criado José o en los cuidados de su hermana Rita. La saudade expresada por el narrador en este pasaje de la novela no está ligada al recuerdo de Europa, sino al amargo reconocimiento de la soledad en la que se encuentra, que no depende de un lugar sino de la viudez, la carencia de progenie y ausencia de algunos de sus conocidos en un momento de la enfermedad (Meira Monteiro, “O futuro” 42). Sin embargo, hasta el final del relato, Aires reiterará que ha regresado a Brasil para dedicar el poco tiempo que le queda de vida, después de viajar mucho, “para reconciliar-me com a nossa terra”9 (260). Esa reconciliación con la tierra, paradójicamente, está ligada a la tarea de registrar el distanciamiento inevitable entre dos generaciones, por un lado, la conformada por el matrimonio Aguiar y el propio Aires y, del otro, la conformada por Fidelia y Tristão. Hacia el final de su diario, Aires recuerda una de sus últimas conversaciones con su amigo el juez Campos poco después de la partida de los recién casados hacia Europa y concluye diciendo que “A mocidade tem direito de vive e amar, e separar-se alegremente do extinto e do caduco”10 (272). La nostalgia de la vida en Europa desaparece en el texto dando paso a otra saudade producida por el paso del tiempo pero en cuanto que este provoca la soledad de los más viejos y el distanciamiento inevitable entre aquellos que poseen lazos afectivos con ellos. Esto nos envía a la segunda representación del viaje que propone Machado en Memorial de Aires, a saber, el viaje inevitable que ciertos personajes de su relato tienen que emprender.

 

3. EL VIAJE INEVITABLE

Desde el comienzo de Memorial de Aires, las reflexiones del consejero se concentran en Fidelia Noronha, la viuda de treinta años de edad que ha perdido recientemente a su marido mientras viajaba con él por Europa. A diferencia de Aires, quien ha dejado a su cónyuge enterrada en Europa cuando ella murió aduciendo que “os mortos ficam bem onde caem”11 (10), la viuda Noronha ha hecho todos los trámites necesarios para repatriar el cadáver de su marido, con quien se casó en contra de la voluntad de su padre, el barón de Santa Pía, por ser el hijo de su enemigo político (11-2). La lealtad de Fidelia a la memoria de su marido parece ser honesta al comienzo del relato, pero como hemos dicho, pronto es puesta en cuestión por Aires. A partir del momento en que ella aparece, el consejero registra en su diario los pensamientos y sentimientos ambiguos, entre amorosos y filiales, que la viuda despierta en él durante cerca de dos años que transcurren desde que la ve visitando la tumba de su esposo hasta cuando ella abandona Río de Janeiro con su nuevo esposo, Tristão, dejando sumidos en la tristeza a sus protectores, el matrimonio Aguiar, quienes la han adoptado a ella y a este como sus “hijos postizos”, expresión esta con la que frecuentemente Aires se refiere con ironía a ellos.

          Tal como es registrada por Aires en las entradas de su diario, la relación entre Tristão, el brasilero naturalizado portugués (106), y Fidelia, la viuda fugitiva (171-2), implica una paradoja que consiste en que dos jóvenes que dicen tener vínculos estrechos con Brasil deciden marcharse poco después de casarse. En primer lugar, Fidelia ha enviudado recientemente y, a causa de la muerte de su padre, tiene que asumir la administración de la hacienda que hereda de él y del trabajo de los libertos que viven allí. En segundo lugar, Tristão expresa en repetidas ocasiones su deseo de establecerse definitivamente en Brasil cerca de sus padres adoptivos. Finalmente, D. Carmo hace todo lo que está a su alcance para facilitarles la vida en Brasil a sus hijos postizos y disuadirlos de viajar a Europa. Sin embargo, a pesar de los compromisos de Fidelia, los deseos de Tristão por quedarse y los ruegos de D. Carmo, los jóvenes se marchan para probablemente nunca volver, aunque aseguren que pronto regresarán. ¿Por qué viajan? Ese es el enigma que propone Machado al lector a través del monólogo del consejero y cuya respuesta depende de la lectura que se haga de la información que ofrece a lo largo de él.

           Una primera respuesta, basada principalmente en las razones que los jóvenes esgrimen para viajar, podría ser que el amor que surge entre ellos se combina con la posibilidad de una carrera política para Tristão en Portugal, creando una situación en la cual el regreso a Europa ofrece más ventajas que la permanencia en Brasil. Desde muy temprano en la narración de Aires nos enteramos de que Tristão tiene gran interés en la política, al punto de considerarla una vocación, “a política chama-me”12 (173), y tiene amigos en Portugal que urgen su regreso para que sea elegido y de comienzo en firme a su carrera política. Solo momentáneamente dentro del relato de Aires, Tristão contempla la posibilidad de abandonar la política con el fin de poder quedarse en Brasil con Fidelia, poniendo fin a las preocupaciones del matrimonio Aguiar acerca de su partida. Sin embargo, una vez que se casa con Fidelia, su interés por su carrera política reaparece y se fortalece al punto de que la convence, en lo que parece ser un acto de generosidad, para que ella done la hacienda que heredó a los esclavos que su padre liberó antes de morir y regrese con él a Portugal (249-52), tratando de ocultar en cuanto sea posible estos planes al matrimonio Aguiar para que este no padezca. De acuerdo con esta primera lectura, la ambición política de Tristão y el amor que Fidelia le tiene son más decisivos en sus vidas que el deseo que él tiene de permanecer en Brasil, los compromisos que ella posee con las propiedades que ha heredado de su padre y el afecto filial que ambos tienen por sus “padres postizos”, esto es, el matrimonio Aguiar. El sueño europeo, vestido de carrera política, amor de pareja y desprendimiento hacia lo heredado, triunfa sobre el deseo raizal de permanecer en Brasil, pero al costo de generar una ruptura con quienes han hecho posible ese amor.

           Sin embargo, con base en lo propuesto por los estudiosos de Memorial de Aires acerca del complejo punto de vista del narrador, puede proponerse una segunda respuesta para explicar la razón por la cual los jóvenes viajan no obstante aducir razones para quedarse en Brasil. Esta respuesta atiende también a un evento que es referenciado de paso en la novela y que varios críticos han resaltado (Gledson, Fragelli, Duarte y Tauscher). Según estos críticos es necesario entender el viaje que Fidelia y Tristão emprenden hacia Portugal en conexión con la referencia que hace el narrador a la promulgación el 13 de mayo de 1888 del decreto real de la abolición de la esclavitud en Brasil (Memorial 55-6). Hablando del significado de este evento, Aires comentará: “Ainda bem que acabámos com isto. Era tempo. Embora queimemos todas as leis, decretos e avisos, não poderemos acabar com os atos particulares, escrituras e inventários, nem apagar a instituição da historia, ou até de poesia”13 (56). Esta observación de Aires señala al menos dos aspectos de la abolición en Brasil. Por una parte, el consejero reconoce el carácter inevitable de esta. Aires parece estar haciendo eco a las ideas abolicionistas de Nabuco y sus esfuerzos por promover el inmediato fin de la esclavitud en Brasil al denunciarla como contraria a una nación que pretende ser moderna (Nabuco 202-14). En este sentido, Mattos de Castro señala que el decreto de la abolición de la esclavitud responde no solo a los esfuerzos de Joaquim Nabuco y los abolicionistas, tendiente a mostrar la incompatibilidad de la esclavitud con el progreso de la nación sino también a la insostenibilidad de una economía basada en una mano de obra esclava y a los esfuerzos de los cautivos afrodescendientes por recobrar su libertad por todos los medios que están a su alcance (364). 

           Por otra parte, Aires reconoce que la abolición por sí misma está lejos de ser suficiente para borrar todas las actividades ligadas a la esclavitud y, principalmente, la marca que ella ha dejado en la memoria y la historia brasilera. En este sentido, el consejero expresa escepticismo con respecto al real alcance del decreto que termina con la esclavitud africana en Brasil. Su preocupación parece menos ligada a las estructuras de dominación y exclusión que persisten en Brasil después de la abolición y más a la persistencia de una imagen de Brasil en la historia y la poesía como sociedad esclavista, particularmente, en el famoso poema de Heinrich Heine Das Sklavenschiff, “El barco negrero”, escrito alrededor de 1855, donde Río de Janeiro es mencionado (Memorial 56). Sin embargo, lo más importante de la referencia a este evento en Memorial de Aires radica en que para el matrimonio Aguiar la abolición de la esclavitud se presenta en principio como un hecho irrelevante comparado con una particular situación afectiva. Para ellos es mucho mayor motivo de celebración recibir, el mismo día en el que se decreta la abolición, una carta de Tristão desde Portugal después de varios años de no tener noticias de él. En tono irónico que enfatiza el contraste entre la celebración pública por la abolición y la celebración privada por las noticias de Tristão, el consejero comentará: “Compreendi. Eis aí como, no meio do prazer geral, pode aparecer um particular, e dominá-lo. Não me enfadei com isso; ao contrário, achei-lhes razão, e gostei de os ver sinceros” (57-8)14. Aunque el matrimonio Aguiar y su círculo no reconozcan en principio la abolición de la esclavitud como un hecho relevante, el desarrollo del relato mostrará que esta tendrá impacto en su relación con sus “hijos postizos” Tristão y Fidelia. Tal como lo ha señalado el trabajo de Pedro Coehlo Fragelli, las escasas referencias a la abolición de la esclavitud juegan un papel decisivo en el desarrollo de la trama (197). La maestría de Machado consiste en mostrar el impacto de la abolición, no obstante que el narrador y su entorno la consideran un evento irrelevante en sus vidas. Dicho impacto puede ser rastreado en decisiones tomadas por Fidelia y Tristão antes de viajar.

           Fidelia es hija de un hacendado, el barón de Santa Pía, quien se opone de manera rotunda a la abolición de la esclavitud y quien, como respuesta ante la inminente aprobación del decreto que termina con la esclavitud en Brasil, libera a todos sus esclavos esgrimiendo como principal razón la siguiente: “Quero deixar provado que julgo o ato do governo uma espoliação, por intervir no exercício de um direito que só pertence ao proprietário, e do qual uso com perda minha, porque assim o quero e posso”15 (51). El padre de Fidelia prefiere dar la libertad de sus esclavos para demostrar su poder como propietario sobre ellos, evitando de este modo tener que aceptar la imposición de liberarlos por decreto real. Reafirmándose en su posición esclavista, el barón de Santa Pía considera que la libertad de los cautivos no es un derecho de ellos sino una concesión discrecional suya como amo (Chalhoub 131-2; Duarte, “Memorias” 23). Fidelia parece alabar la decisión de su padre no porque suscriba el abolicionismo, sino porque ello muestra la bondad paternal de su padre con sus esclavos con los que ella parece tener vínculos afectivos desde su niñez (Memorial 53-4). De hecho, su relación con los esclavos que su padre ha liberado es uno de los temas más complejos del relato. No solo celebra la decisión de su padre, sino que hacia el final del relato decide no administrar la hacienda y ni siquiera venderla, sino donarla a los libertos. Este parece ser un acto de generosidad que, sin embargo, no deja de ser enigmático dentro del relato, más aún cuando es conectado con la relación que ella entabla con Tristão.

          Tristão es un joven que ha emigrado junto con su padre portugués y su madre brasilera a Lisboa siendo todavía un niño y quien regresa a Río de Janeiro, al parecer, con el fin de concluir algunos negocios de su padre y reencontrarse con sus raíces brasileras. Aires lo describe bajo un continuo signo de sospecha como alguien cuyas intenciones no son claras y cuya credibilidad se encuentra siempre en entredicho. A lo largo del relato, Tristão aparece dividido entre lo que quiere mostrar y lo que Aires piensa que realmente es. Mientras que Tristão se presenta a sí mismo persistentemente como alguien que quiere regresar a Brasil, Aires no deja de percibir en él al hombre que ya no es brasilero ya que ha adquirido la nacionalidad portuguesa, mantiene ambiciones políticas en Portugal y, en particular, no conoce las haciendas a fondo al punto de que, después de visitar la hacienda del padre de Fidelia, considera lo visto allí interesante solo como “documento de costumes” (169), es decir, documento de costumbres. De hecho, será él quien recomiende a Fidelia donar la hacienda a los libertos como forma, según Aires, de evitar cualquier habladuría referente a su interés en el dinero de la viuda pero, más que nada, liberándola de cualquier atadura con Brasil (250). Enfatizando la ambigüedad de este gesto, el consejero comentará: “Tristão é capaz da intenção e do disfarce, mas eu também acho possível que o principal motivo fosse arredar qualquer suspeita de interesse no casamento. Seja o que for, parece que assim se fará”16 (250). La sospecha se mantiene dado el hecho de que Fidelia ha heredado, además de la hacienda, una significativa cantidad de dinero, trescientos contos (79), que no hacen parte de la donación y que la pareja llevará consigo a Europa. De hecho, si seguimos la tabla de equivalencias propuesta por Holloway (268), puede afirmarse que esta cantidad, 300 millones de Reales, equivalía aproximadamente 160 000 dólares americanos. En ese sentido, la donación de la hacienda puede ser vista como una forma de liberarse de compromisos que no tienen interés en asumir. En palabras de Gledson, lo que buscan ambos es “librarse del Brasil lo más rápida y cortésmente posible” (261).

          El punto en el que estos dos personajes convergen dentro del relato es su incapacidad de conectarse con el sistema productivo brasilero cuando este se ve abocado a una inevitable transformación por cuenta de la abolición de la esclavitud. Aunque tanto Fidelia como Tristão tienen un vínculo con el pasado brasilero, ella por los recuerdos de infancia de la hacienda y él por los negocios de café que tenía su padre antes de emigrar a Lisboa, ninguno de los dos parece poder crear un vínculo propio que les permita reintroducirse dentro de ese sistema no obstante todo el apoyo que reciben de parte de sus protectores, la pareja Aguiar. Al donar la hacienda a los libertos, la fugitiva Fidelia y el (des)naturalizado Tristão, expresiones que Aires utiliza frecuentemente para designarlos, romperán cualquier vínculo con Brasil, más allá de su importante más no decisiva fidelidad con sus padres postizos. Ese acto que parece trivial, introduce en Memorial de Aires una segunda ruptura con la idea según la cual la nostalgia emerge del recuerdo del viaje a Europa. Fidelia y Tristão viajan a Europa no por el sueño del viaje, sino porque ellos ya no tienen lugar en Brasil. El (des)naturalizado y la fugitiva no están en capacidad de conectarse con una sociedad que abandona el esclavismo como base de producción de la riqueza y deciden viajar antes que comprometerse con los libertos o con la élite local de la que hacen parte (Fragelli 207). Gledson los llamará, por ello, traidores y cobardes (261). Siguiendo la lectura de Meira Monteiro, puede decirse que el futuro en Brasil está abolido para ellos. Su decisión produce tristeza en ellos por el distanciamiento que implica con sus allegados en Brasil. Sin embargo, produce mayor tristeza en sus protectores quienes no podrán ir tras de ellos. Esto nos envía a la tercera representación del viaje que encontramos en el texto: el viaje imposible.

 

4. EL VIAJE IMPOSIBLE

Por último, están aquellos para quienes el viaje es imposible. Esta es la dimensión del texto que más dificultades introduce a la lectura que Gumbrecht, según la cual la tristeza emerge de reconocer la distancia que existe entre el centro y la periferia. Si bien es cierto que la nostalgia del matrimonio Aguiar —los “padres postizos” de Fidelia y Tristão— se halla asociada al hecho de que los jóvenes parten para Lisboa a pesar de todos sus esfuerzos para retenerlos, esa tristeza es consecuencia de una crisis anterior que radica en el hecho de que la pareja Aguiar, a pesar del poder económico y reconocimiento social del que goza, no ha podido tener hijos y lo resiente en extremo. La perspicacia de Aires radica en reconocer a través de la historia de amor de Tristão y Fidelia el vehemente deseo de reproducción del matrimonio Aguiar y, más aún, la imposibilidad radical de satisfacer ese deseo aún al final de sus días. El poder y la ascendencia social, que ellos han creado a lo largo del tiempo y que les ha dado la esperanza tardía de reproducirse por medio de sus “hijos postizos”, se convierten al final del relato en aquello que precisamente les imposibilita ir tras de sus protegidos, manteniéndolos atados a Brasil. El acto de donación de la hacienda a los libertos que ha liberado a Tristão y Fidelia es imposible para los Aguiar, quienes pueden reconocerse, si seguimos a Gledson, como los grandes traicionados del relato (274). Llegados al punto en el que la reproducción se ha hecho imposible, la nostalgia se torna su único consuelo. La última frase de la novela lo declara de manera contundente: “Queriam ser risonhos e mal se podiam consolar. Consolava-os a saudade de si mesmos”17 (273). No hay en ellos nostalgia de Europa, nostalgia del viaje, ni siquiera nostalgia de los hijos postizos que partieron. Hay en ellos nostalgia como sentimiento de desarraigo hacia el final de su existencia y que comparten con el consejero Aires: “Éramos sós os três, e a saudade grande”18 (270), afirma él hacia el final de su relato.

          Surge ahí la tercera ruptura que Memorial de Aires introduce con respecto a la idea según la cual la tristeza surge como consecuencia de la nostalgia que se experimenta en la periferia por el recuerdo del centro. En esta novela, la tristeza surge como consecuencia de una ruptura en la periferia misma provocada por la abolición de la esclavitud. Esa ruptura, reconocida veinte años después en la escritura de Machado, genera una representación de la metrópoli no como lugar ideal que se recuerda o añora sino como lugar de fuga o lugar imposible para aquellos que han medrado del sistema esclavista. En 1908, la escritura de Machado reconoce en la abolición un evento que transformó la sociedad brasilera, iniciando una crisis en las élites esclavistas. Cuando Machado publica esta novela, nuevas élites han aparecido, declarándose modernas y posesclavistas. Sin embargo, usando su habilidad narrativa, a poética da dissimulação agudamente descrita por Duarte (“Machado” 147 y “Memórias” 16), el mulato que solo viajó en las letras y las lenguas les recuerda a estas élites que ellas surgieron no del esplendor, sino del ocaso de una generación que las antecedió y que no sobrevivió a la abolición porque se marchó o murió buscando consuelo en su propia saudade. En palabras de Duarte, en Memorial de Aires Machado ha mostrado a estas nuevas élites como “beneficiários do regime, [que] vivem do capital acumulado pelos que antecederam e se revelam incapazes de superar o cômodo parasitismo que marca sua trajetória de detentores de herança”19 (“Memórias” 19-20).

           Esta afirmación de Duarte nos permite reconocer, siguiendo las reflexiones de Walter Mignolo en “Epistemic Disobedience, Independent Thought, and De-Colonial Freedom” (15), la presencia en Memorial de Aires de un gesto decolonial. Dicho gesto consiste en superar un motivo que articula usualmente los relatos de viaje escritos en regiones con pasado colonial, y según el cual el viaje a Europa es un reencuentro con las fuentes originales de la cultura, las cuales son solo parcialmente aprehendidas en la periferia. En Memorial de Aires el viaje a Europa ya no aparece como el cumplimiento de un sueño gracias al cual el protagonista descubre sus orígenes para luego regresar a la periferia, sintiendo nostalgia por los lugares y momentos en los que tuvo las experiencias más decisivas de su vida. El viaje a Europa se ha convertido en este relato de Machado en la ocasión para explorar lo que Mignolo caracteriza como experiencias y necesidades locales (19) que son reconstruidas a expensas de estrategias narrativas europeas. Machado utiliza las técnicas de la novela europea, en particular, el narrador en primera persona para contar no la añoranza por el pasado europeo, sino la tristeza que ha producido en la élite brasilera la abolición de la esclavitud. No en Europa sino en Brasil está la causa de su tristeza. La élite que Machado retrata y explora a través de la voz del consejero Aires ve en Europa el lugar en el que el consejero no encontró arraigo y donde solo quedan los restos de su esposa, el lugar al que el matrimonio Aguiar nunca podrá ir y el lugar al que Tristão y Fidelia huirán después de haber traicionado a los que han hecho posible su encuentro. La añoranza por Europa ha cedido el paso a la saudade que produce en la élite esclavista reconocerse parte de un pasado caduco. Al plantear un relato en el cual el viaje mismo es menos importante que las condiciones locales que lo dan por terminado, lo hacen imposible o lo tornan inevitable, Machado hace complejas las relaciones entre metrópoli y periferia. Muestra que la periferia no solo copia o añora la metrópoli, sino que posee situaciones y contradicciones propias que dan nuevo significado a los contenidos metropolitanos llegando en cierto punto a producir la metrópoli misma.

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* Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla . Doctor en Hispanic Languages and Literatures. University of Pittsburgh.

1. “Bien, hoy hace un año que volví definitivamente de Europa” (39). En las notas al pie seguiremos la traducción al castellano de Danilo Albero.

2. “Llegué jubilado a mi tierra, a mi Catete, a mi lengua” (39).

3. “Ciertamente todavía recuerdo situaciones y personas distantes, diversiones paisajes, costumbres, pero no me muero de nostalgia por nada. Aquí estoy, aquí vivo, aquí moriré” (39).

4. “Eligiendo un narrador ilustrado, hábil en el trato social y prevenido contra su propia exposición, Machado destruye un comportamiento ejemplar de superioridad y elegancia”. La traducción es mía.

5. “Salvar a los jóvenes de los muertos vivos”. La traducción es mía.

6. “El arte de Machado se alimenta, si no me equivoco, de una profunda y original desconfianza que convierte el ámbito de las acciones humanas en una gigantesca mascarada en medio de la cual cualquier juicio sobre el carácter no puede ser sino una apuesta porque no sabemos, de hecho, qué es lo que está dirigiendo las acciones”. La traducción es mía. 7. “Estamos ante una voz forjada a partir de la percepción de los meandros y deseos fallidos de una clase en decadencia”. La traducción es mía.

8. “D. Carmo tiene su marido y sus hijos postizos. Yo tengo una mujer debajo del suelo en Viena y ninguno de mis hijos salió de la cuna de la Nada. Estoy solo, totalmente solo. Los rumores de afuera, carros, bestias, gentes, campanillas y silbatos, nada de eso vive para mí. Cuando mucho el reloj de pared, marcando las horas parece decir alguna cosa —pero lo dice lento, poco y fúnebre. Yo mismo, releyendo estas últimas palabras me parezco a un sepulturero” (143).

9. “Reconciliarme con nuestra tierra” (214).

10. “La juventud tiene el derecho de vivir y de amar, y separarse alegremente de lo extinto y lo caduco” (222).

11. “Los muertos están bien donde caen” (44). 

12. “La política me llama” (157).

13. “Menos mal acabamos con esto. Era tiempo. No obstante, quememos todas las leyes, decretos y avisos, no podemos acabar con los actos particulares, escrituras e inventarios, ni borrar la enseñanza de la historia, o de la poesía” (76).

14. “Entendí. He aquí como en medio del placer general, puede aparecer uno particular, y dominarlo. No me enfadé con eso; al contrario, les encontré razón y gusté de verlos sinceros” (77).

15. “Quiero dejar sentado que juzgo el acto de gobierno una expoliación, por intervenir en el ejercicio de un derecho que sólo corresponde al propietario, y del cual hago uso con pérdida para mí, porque así lo quiero y puedo” (72).

16. “Tristão es capaz de la intención y del disfraz, pero yo también encuentro posible que el principal motivo sea apartar cualquier sospecha de interés en el casamiento. Sea lo que sea así se hará” (207).

17 “Querían ser risueños y apenas se podían consolar. Los consolaba la nostalgia de sí mismos” (223).

18 “Éramos sólo los tres, y la nostalgia era grande” (221).

19. “Beneficiarios del régimen, que viven del capital acumulado por los que los antecedieron y que se muestran incapaces de superar el cómodo parasitismo que marca su trayectoria como beneficiarios de una herencia” (la traducción es mía).

 

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Editora

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Asistente editorial

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